martes, 8 de septiembre de 2009

Poemas

TU PRESENCIA

En los caminos que anduviste me resulta difícil andar,

no soy protagonista de tu obra solo me hundo para fenecer.

Compongo mi propio guión haciendo que se extravíe tu verdad;

apenas conozco tu papel y llego a cada instante a la maldad.

Cuando las tinieblas frígidas envuelve mi desconsuelo;

tu mano, tu susurro, sobre mi hombro y mi oído anhelo;

aunque se que me escuchas cuando te busco y imploro,

sería dichoso y más feliz ¡si te viera!

Percibo muy somero el abismal infinito de tu amor,

profundos olvidos ensombrecen en mi conciencia tu mirada.

Sobre mi mismo transcurren las grandes dudas.

Tierno mentor, imploro Luz penetrante a mi alma,

claridad que permita contestar la densa oscuridad.

Mis pasos en el escenario son engañosos y fingidos:

actúo como si no existieras, nublando tu mirada de tristeza.

Difícil eludir del desvarío y escapar del marjal,

brego inútilmente en mi porfía que en tu sabiduría.

Me agobia el sabio terrenal con su entendimiento cada día,

mientras Tú, humilde sangras a cambio

del incesante infractor.

Se escucha tu voz velada por erosión alzarse para reprender.

Suena al oído mi propia voz adulando más al impostor

Maestro, imploro con lágrimas sinceros tu compasión,

ya no quiero luchar contra mis propias fantasías,

ni jugar el cristianismo sucio, ni manosear la conciencia de los hombres.

Esta soledad inigualable clama cada segundo tu canción

y a tu sublime libertad de brillante victoria.

Te escribo desde mi aflicción y tristeza:

fragmentado este placer en santidad y maldad,

hastiado del dolor y sufrimiento en mi aciago sentimiento.

Esperándote, Maestro, la irrupción abrupta de tu presencia.

Hay hombres iguales, al borde de la desesperanza.

Con certeza hay muchos que ya no te esperan:

amparados en el hedonismo, lujuria, fama… que son dioses.

Clamo, que las flores sonrían a pesar de estar vestidas de espinas.

Cautivo en las cadenas del placer, orgullo, ambición…

lazos que me atan a este inmenso mundo infernal,

aunque haya miseria que me hace ignorar y olvidar

desátame! Por la fe que todavía abriga el amor.

Quita los cardos de mi ser, transforma mi corrupción,

habita en medio de los hombres que en ti se crearon.

Ayúdanos a disfrutar la alegría del primer hombre en el paraíso

Tráenos esas mansiones a estas opacas y sombrías ciudades.

¡Eres, Vida en Amor, que nunca podré definir!

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